viernes, 30 de marzo de 2012

Lisbeth, no le des bola a Vargas Llosa, veníte conmigo que la vamos a pasar bomba

martes, 20 de marzo de 2012

callar todo
hasta el deseo de callar

silenciarse
un lugar a una palabra
               nueva

un brote verde
antes del nombre

martes, 6 de marzo de 2012


se me perdió el país entre un conjunto de gente con la mirada sonriente y las manos francas
se mudaron las fronteras a la piel que nos une y a la línea que dibuja el mar contra el cielo y al día de la noche
las banderas las dejamos en el camino
nos queda la esperanza

domingo, 26 de febrero de 2012

Poomerang miraba porque buscaba una jugada que había visto años atrás en televisión. A su entender, fue tan hermosa que no podía haber desaparecido para siempre, seguro que tenía que rondar por todos los campos del mundo, y él estaba esperándola, allí, en aquel campo de críos. Se había informado sobre los campos de fútbol que existían en el mundo —un millón ochocientos cuatro— y era del todo consciente de que las posibilidades de que acaeciera precisamente allí eran mínimas. Pero, basándose en un cálculo efectuado por Gould, no eran en todo caso menores a las que hay de nacer mudo. En consecuencia, Poomerang la esperaba. Para ser exactos, la jugada era la siguiente: pase largo del portero, el delantero salta en la línea del área y centra de cabeza, el portero contrario sale del área pequeña y le da una patada al vuelo, el balón vuela hacia atrás más allá del centro del campo, pasa por encima de todos los jugadores, bota en el límite del área, sobrepasa al portero estupefacto y se cuela rozando el poste. Desde un punto de vista exquisitamente futbolístico, se trataba de una rareza deplorable. Pero Poomerang sostenía que desde el aspecto puramente estético pocas veces había visto algo más armónico y elegante. «Era como si todo hubiera ido a parar al interior de una pecera —no decía, tratando de explicarse—, como si todo se moviera entre dos aguas, dulce y lentamente, con el balón nadando en el aire, sin prisas, y con los jugadores convertidos en peces, mirando hacia arriba con la boca abierta, rotando todos a la vez a derecha e izquierda, absortos y perdidos, el portero con las branquias completamente abiertas mientras el balón lo sobrepasaba, y al final la red de un pescador astuto, recogiendo el pez balón y los ojos de todos, pesca milagrosa en el más absoluto silencio de profundidad abisal en una planicie de algas verdes con rayas blancas pintadas por un buzo geómetra.» Era el minuto dieciséis de la segundaparte. El partido acabó dos a cero.







alessandro baricco, city

miércoles, 8 de febrero de 2012

el instante en que el mundo se fisura
y la grieta no es miedo
     eso pasó
sino  lo vivo del vértigo
el quiebre del filo donde el ascenso     es caída
suave dejarse llevar delante abajo
liviano como sin futuro

el camino único sin medio ni lados 
camino nomás

hay instantes infinitos
hay algunos que regresan
    de todos el más liviano

lunes, 30 de enero de 2012

hay hilos invisibles que nos
sostienen
no se ven se siente en el cuerpo el tirón
   suave tirón
cuando el piso se va y colgamos
el vacío abajo
una estrategia -precaria- frente a la muerte
    la última la única estrategia
el tablón que nos sostiene a flote -el mar
hilos invisibles nos mantienen
deesteladodelmundo
   

domingo, 29 de enero de 2012

no tenía nada / nada
y solté un mundo
   todo el mundo

       entero

decís que no es/
       el Tiempo
rueda, decís
mil y una espumas
        -una mil-
lavando la playa hasta el blanco de los huesos

decís no hay Tiempo
una y otra vez

¿y no hay soltar entonces?
¿no hay tener?
¿no hay dolor de huesos
               lavados?

palabras decís
-yo no las tengo-
se las llevó el mar
       con todo lo otro
hasta el frío de los huesos