domingo, 19 de abril de 2009

cambio de planes II

Estaba haciendo cualquier cosa. Cualquiera de esas cosas que uno hace en Domingo. Si quieren, estaba estando nomás cuando me llegó esa llamada que me pegó como un cross a la mandíbula: "¿Cómo que murió? ¡no puede ser! ¿que dónde es el velatorio? ¿a qué hora? nos vemos allá. Chau".
Y la soledad. Y el sentimiento de irrealidad. Y el silencio -porque no hay palabras-.

La muerte es siempre inesperada; la muy hija de puta se nos termina metiendo una y otra vez en medio de la fiesta para recordarnos eso de que "polvo somos y al polvo volveremos" que ya sabemos pero que hacemos como si no. Pero hay veces que es más hija de puta que otras.

Y la muerte enseña. Siempre dice algo. Hoy me dice de la vida con sentido, de la vida plena. La muerte dimensiona la vida (allá eso de que vivir bien es aprender a morir); en algunos velorios (me pasó con Ita y ahora me pasa con Lili) la muerte se convierte en despedida y en celebración. Y eso me está diciendo la muerte hoy: que la vida hay que celebrarla.

Y entonces, en el absurdo, se vislumbra un sentido.

(breve aclaración: y aquí no rige el principio de identidad, no es un sentido que anula -aclara, justifica o ilumina- el absurdo. No es un sentido que nos evita el dolor -eso sólo es negación-. Es un sentido en o junto al absurdo. Un sentido a la intemperie)

2 comentarios:

Pablo dijo...

muy rico todo negro! Me gusta tu blog, felicitaciones.

Y que vivan los cambios de planes!
salú!

naio dijo...

brindo por eso!